23 abr. 2017

Cuando el videoclip salvó a la industria musical

“Do you realize what you’ve done?” Adar asked Brandenburg after their first meeting. “You’ve killed the music industry!” 
- Stephen Witt, How Music Got Free (2015).

El empresario británico Ricky Adar soñaba desde el año 1995 con un servicio de streaming por Internet similar al que existe hoy con Spotify, Apple Music o Tidal. Sería descabellado pensar que una idea como esa hace más de 20 años era factible; sin embargo quizás nos equivocamos.


Karlheinz Brandenburg desarrolló una tecnología de compresión de música a mediados de los setenta y con el paso de los años la perfeccionó hasta convertirse en lo que hoy se conoce como el mp3. Durante la última década del siglo XX, Brandenburg propuso en numerosas ocasiones a los altos directivos de la industria musical que se usara este formato de compresión para la comercialización de la música. Pero las respuestas fueron obvias en un sector regido por señores conservadores sin idea alguna de lo que significaba el avance tecnológico. 

Acá es cuando, según Stephen Witt, las ideas de Adar y Brandenburg se cruzan. Bastaría solo un tiempo para que los usuarios descubran el mp3 y lo asocien con Internet; Napster, LimeWire, eMule, Ares y otros programas conocidos por cualquier millenial fueron la consecuencia. A inicios del siglo XX, la industria musical confronta a su peor enemigo: la piratería a gran escala. 
Si bien hablar de piratería digital es digno de otro posteo en este blog, es importante mencionar que se manifestó de numerosas formas y afectó de manera desproporcionada a la industria. Además, esta práctica generó esa conducta reprochable que varios jóvenes de hoy aún mantienen: "la música es gratis, no existe el derecho de autor". 

Es importante recordar que durante la década de los 2000, la crisis del sector musical provocó serios recortes económicos que impactaron notablemente en la calidad de sus producciones y en materia de marketing y promoción. 
Y acá entra el concepto de videoclip. 

El video musical, tal como se conoció desde el inicio, se utilizó por las casas discográficas para promocionar el lanzamiento del disco de un artista o una banda. Sin embargo, ¿qué pasa cuando no sirve de nada promocionar un álbum que la gente ya tiene descargado ilegalmente en su iPod?
Consecuencias como el cambio de programación de MTV, los videos de bajo presupuesto y el videoclip como arte estancado a inicios del siglo XXI son evidentes. Producir un videoclip es un lujo para cualquier compañía disquera. Los costos que alguna vez llegaron a cifras millonarias se ven reducidos a no más de 100 mil dólares por un artista de renombre. Y, ante la falta de canales de difusión, el formato se deja de lado. 

Independent Women, Pt I. video de bajo presupuesto dirigido por un director de renombre, Francis Lawrence,  y protagonizado por Beyoncé y su girl-group Destiny's Child. 
En paralelo, la Web se desarrolla a pasos descomunales y videos en su mayoría también pirateados tanto del pasado como actuales aparecen en este espacio que simula ser una gran biblioteca multimedia. 
La perspectiva del CEO de Universal Music Group, Doug Morris, cambia cuando su nieto le muestra el videoclip In Da Club (2003) de 50 Cent subido a la Red. YouTube, creado en 2005, recibe ingresos por publicidad por cada visionado, y Morris saca ventaja de esto -claro que con una serie de demandas judiciales. 
En el 2009 Universal Music Group y Sony Music Entertainment crean el portal VEVO: la industria musical recién sucumbe a Internet. (Previamente este sector evitó a toda costa separarse del disco compacto).

Si bien decir que el videoclip salvó a la industria musical sería obviar totalmente una cadena de hechos que logró que hoy en día los servicios de streaming, desde Spotify a YouTube, sean la prioridad más alta para este sector, es innegable que el gran abrir y cerrar de ojos se dio gracias a los videos musicales en la Red. 
De hecho, hoy en día es la fuente de reproducción musical más utilizada por los usuarios a nivel mundial. La industria saca provecho y si bien no tiene las ventas impresionantes de fines de los noventa, hay un hecho intangible reciente: hoy todo videoclip puede ser monetizado.    

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